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Crear acercamiento a través de lágrimas y risas.

Como padres y cuidadores de niños, experimentamos la serie completa de las emociones de los niños casi a diario, y algunas veces de manera que pueden despertarlas en nosotros, también. ¿Quién no comparte el orgullo y la alegría de su hijo cuando éste le muestra a mamá o papá su último dibujo? Por otro lado, es fácil enfadarse cuando el niño no para de gritar en el supermercado porque Ud. no le compró sus galletas favoritas.

Estos momentos emocionales son los momentos en los cuales los niños acuden a sus padres o cuidadores. La respuesta que ellos reciben puede tener un efecto dramático en la manera en que ellos aprenden a lidiar con sus sentimientos.

Ya bien sea cuestión de tristeza o de alegría, las emociones de los niños le ofrecen al padre dos cosas muy importantes: la oportunidad de crear una relación más profunda y de más confianza con sus niños, y una ocasión para demostrar cómo lidiar con el maravilloso mundo de los sentimientos humanos.

Una oportunidad para enseñar.

Ver los arranques emocionales como una oportunidad para una vinculación afectiva y de enseñanza, en lugar de sólo como un problema más que necesita ser solucionado, es un cambio de actitud que constituye el centro mismo del querer formar la inteligencia emocional del niño.

El investigador John Gottman ha encontrado que los niños cuyos padres responden a sus emociones con empatía y paciencia:

  • Confían más en sí mismos

  • Tienen mejor rendimiento académico

  • Tienen menos problemas de comportamiento

  • Se llevan mejor con sus compañeritos y los demás

  • Tienen menos enfermedades infecciosas

  • Pueden lidiar mejor con conflictos entre los padres

La actitud es importante.

Ver los momentos emocionales como oportunidades y no como cargas, no es una actitud que se les da naturalmente a todos los padres. Todos estamos programados para lidiar con las emociones de una manera diferente. Algunos padres tienden a despreocuparse por los sentimientos de sus hijos y los ven como algo tonto y sin importancia. Si el niño se siente triste o lastimado probablemente ellos le dirán: “así es la vida y entre más pronto te des cuenta de eso mejor.” Otros creen que las emociones negativas como la tristeza o la ira son peligrosas o dañinas, y tratan de ayudar al niño a deshacerse de ellas tan pronto como sea posible, reemplazándolas con sentimientos más positivos y alegres.

A otros, la expresión de las emociones los pone incómodos. Ellos tratarán de evitar o ignorar los sentimientos de sus hijos, recurriendo a sobornos o amenazas para controlar su comportamiento emocional. Ambos enfoques realmente pueden hacer más mal que bien, de acuerdo con Gottman. Las emociones, incluyendo las negativas, no se deben ignorar o desatender; son parte normal de una persona feliz, saludable y completa.

Ir aprendiendo cómo funcionan las emociones.

Para los niños pequeños, las emociones son nuevas y muchas veces insoportables. Los niños obviamente no tienen las experiencias por las que ha pasado un adulto a lo largo de su vida, y por eso no logran entender que el dolor que sienten cuando su mascota muere disminuirá o incluso desaparecerá con el paso del tiempo. Los padres y los cuidadores que apoyan y consuelan a sus niños durante estas épocas duras o difíciles logran un acercamiento más profundo con sus pequeños. Ofreciendo dirección y experiencia se le puede enseñar al niño a lidiar con los sentimientos que surgirán repetidamente en su vida.

Las oportunidades de enseñar a un niño no se limitan sólo a las situaciones donde hay una carga emocional fuerte. Como todos los adultos saben, los sentimientos pueden salirse de control. Por ejemplo, lo que empieza como una ligera ansiedad cuando se les lleva a cortar el pelo por primera vez puede llegar a empeorar de tal forma que algunos empiezan a llorar y gritar cuando se les sienta en la silla del peluquero. Al notar y hablar de los sentimientos antes de que lleguen a una crisis, los padres y los cuidadores no solamente evitan problemas mayores, sino que les enseñan a sus hijos una estrategia importante para resolver conflictos.

Ya sea en un arrebato emocional intenso o en una experiencia emocional más ligera, cómo actúa el padre en ese momento es de importancia trascendental. Es importante demostrar paciencia, interés, y un deseo de unirse a los sentimientos del niño antes de empezar a trabajar juntos para encontrar soluciones al problema. Los padres que se toman el tiempo de escuchar, entender, y enseñar durante estos momentos emocionales se hacen mucho bien a sí mismos a la vez que a sus hijos. No sólo es más probable que los hijos vean a mamá y a papá como amigos y aliados importantes durante estas épocas difíciles, sino que también estén aprendiendo a tratar sus emociones de una manera sana y eficaz.

 Algunos consejos útiles para la crianza de los niños

  • Esté al tanto de las emociones de sus niños a lo largo del día, de modo que Ud. pueda reconocer cuando se siente alterado, triste, o feliz.

  • No ignore ni evite las emociones de sus hijos, al contrario trate de reconocerlas y explorarlas de una manera paciente y cariñosa.

  • Comparta los sentimientos con sus hijos, y anímeles a que hablen de sus emociones.

  • Proporcione algunos de los "primeros auxilios emocionales" diciéndoles a sus niños que:

    • Ud. los acepta sin importar cómo se sientan

    • No están solos y Ud. está allí para compartir sus sentimientos

    • Ud. entiende sus sentimientos

    • Sus sentimientos o emociones tienen sentido

    • Está bien confiar en sus instintos emocionales

  • Ayúdeles a pensar en soluciones a la situación y déjelos sugerir sus propias ideas.

  • Estos beneficios parecen tener efectos a largo plazo. Los niños que desarrollan una salud emocional fuerte estarán mejor preparados para lidiar con dificultades y relaciones en su adolescencia y su adultez. Los niños emocionalmente inteligentes son más capaces de adaptarse a las diferentes situaciones sociales que experimentan a medida que van creciendo.

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Bibliografia:

Gottman, J., DeClaire J. (1997). Raising An Emotionally Intelligent Child: The Heart of Parenting. New York: Fireside.

Gottman, J., Katz, L., Hooven, C. (1997) Meta-emotion: How families communicate emotionally. Mahwah, N.J.: Lawrence Erlbaum.

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