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Escuchar con el corazón y la cabeza

Imagine la siguiente situación: Ud. ha llevado a su niño a su primera fiesta de cumpleaños en su vecindario y, mientras los otros niños están corriendo, riendo y gritando en el patio, él está parado y llorando enfrente a una mesa llena de regalos. Ud. sabe lo que sucede; el niño tiene envidia de que todos esos regalos tan hermosamente envueltos no son para él. Pero no importa cuántas veces Ud. le diga que no se moleste y que vaya a divertirse con los otros niños, él no para de llorar. Ud. piensa que su niño es inteligente. ¿Por qué, entonces, rehúsa ser razonable?

La lógica y las explicaciones pueden funcionar con los adultos. Sin embargo, los niños buscan algo más en los padres y/o cuidadores cuando se sienten abrumados por una emoción; buscan sensibilidad y comprensión. Por lo tanto, los niños requieren empatía.

Es aquí donde la capacidad de escuchar y el corazón de los padres entran en juego. Escuchar con empatía y validar los sentimientos de un niño, sean felices o tristes, son dos de los pasos a seguir más importantes para ayudar a los niños a que aprendan a lidiar exitosamente con el mundo maravilloso de las emociones. Escuchar con empatía no solamente ayuda a consolar al niño; investigaciones científicas han comprobado que también lo ayuda a mejorar su habilidad de calmarse por sí mismo durante tiempos difíciles, lo cual puede tener un beneficio poderoso y duradero.

¿Qué puede hacer un padre o madre?

Imagine la situación de la fiesta de cumpleaños nuevamente, pero en lugar de decirle a su niño lo que Ud. cree que él debe sentir -en este caso, alegría- Ud. simplemente le pregunta cómo se siente en realidad. Luego, escuche cuidadosamente. Si el niño no le puede decir, Ud. puede ayudarlo a identificar estos sentimientos haciendo comentarios como el siguiente: “Me imagino que tú quisieras recibir algunos regalos. Estás sintiendo envidia y eso te hace sentir mal”.

Esto puede ayudar al niño a comprenderse. Después de todo, él no quiso sentir envidia por los regalos, simplemente la sintió. Saber que un adulto escucha y entiende lo que el niño siente puede ser el tipo de guía y consuelo que él necesita. Y no solamente se logra eso, sino que Ud. le ha dado a su niño una palabra para describir la emoción, “envidia”, lo cual puede proveer un efecto calmante en sí.

Las emociones importan.

Según el doctor John Gottman, la habilidad de un niño para deleitarse con los tiempos felices y para recuperarse rápidamente de los tiempos difíciles es una parte fundamental para una buena salud emocional.

En su investigación acerca del ambiente emocional de las familias, Gottman observó que los niños que tienen padres que entrenan las emociones:

  • confían más en sí mismos

  • hacen mejor trabajo en la escuela

  • tienen menos problemas de comportamiento

  • se llevan mejor con sus amigos y con los demás

  • tienen menos enfermedades infecciosas

  • pueden lidiar mejor con conflictos entre los padres

Una salud emocional fuerte prepara mejor a los niños para enfrentarse a diversas dificultades en el futuro. Obviamente, no todo momento emocional con su niño es tan fácil de comprender como un ataque de envidia. Las emociones de los niños son variadas y muy complejas. Con frecuencia, las emociones de un nivel más bajo, por ejemplo cuando un niño simplemente se siente incómodo o triste, son las que representan el mayor reto para los padres.

Escuchar y observar.

Para llegar a lo que hay en el corazón de su niño, se empieza por escucharlo cuidadosamente. Cuando Ud. escucha las palabras de su niño, le está demostrando que sus sentimientos importan. Sin embargo, escuchar puede implicar algo más que usar solamente sus oídos. Los niños expresan sus emociones de muchas formas y los padres pueden aprender a “leer” estas emociones observando ciertas pistas. Dichas pistas pueden incluir expresiones en la cara (como fruncir el ceño), lenguaje corporal (el hacer puños con las manos o una postura débil que refleja tristeza), las palabras que dicen y cómo las dicen (el tono de voz que emplean, el énfasis que ponen en ciertas palabras) u otras formas en las que los niños revelan sus actitudes acerca de lo que pasa.

A veces, los niños no se sienten cómodos hablando de sus emociones, por lo que se necesita un adulto paciente y perspicaz para llegar a la raíz del problema. Si un niño que siempre amó ir a nadar de repente odia ir a la piscina, algo está pasando. Trate de preguntarle por qué se siente así y seguramente el niño encogerá sus hombros y dirá “no es nada”. Es en momentos así cuando los adultos necesitan insistir, basándose en su conocimiento previo de la vida del niño. Un ejemplo de esto sería decirle algo así: “Alguna cosa te molesta, solías amar la piscina. ¿Pasó algo con tus amigos?”. Para muchos, la parte más compleja es cuando el niño comienza a abrirse a la plática, ya que algunas veces es difícil no ver los problemas del niño como algo insignificante o tonto. Si Ud. se entera de que el niño se peleó con sus amigos en la piscina, es posible que sienta la tentación de decirle simplemente “olvídalo”. Para un niño eso no es tan fácil como suena. Una cosa que los padres necesitan recordar es que los niños no tienen años de experiencia lidiando con sus emociones como los tienen ellos. Para los niños estas emociones son frecuentemente nuevas y extrañas. Algunas situaciones que pueden parecerles pequeñeces a los adultos, son monumentales ante los ojos de un niño que las está experimentando por primera vez.

Convertirse en un amigo y aliado.

De acuerdo con Gottman, es aquí donde los padres realmente pueden convertirse en entrenadores. La manera más efectiva de ayudar al niño a comprender lo que siente es enseñarle a expresar sus sentimientos por medio de palabras, como “te duele cuando tus amigos no quieren jugar contigo”.
Dejarle saber al niño que Ud. comprende sus sentimientos no solamente lo consuela, sino que le hace sentir que tiene un amigo y un aliado. Además, lo pone a Ud. en una mejor posición para ayudar al niño a solucionar otros problemas por los que esté pasando.

Esa es la clave para escuchar con empatía y validar los sentimientos de su niño. Los padres que se mantienen al tanto de las emociones de sus niños pueden transformar los problemas de la vida en oportunidades para enseñar y aprender. Cuando los padres ayudan a los hijos a descubrir sus emociones, no solamente les ofrecen consuelo, sino que les dan destrezas que les ayudarán inmensamente por el resto de sus vidas.

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 Algunos consejos útiles para la crianza de los niños

  • No descarte las emociones de un niño como insignificantes o tontas; obviamente son de gran importancia para el niño.

  • Escuche a su niño de manera que él sepa que Ud. está prestando atención y tomándole seriamente.

  • No juzgue ni critique emociones; halle una forma de mostrarle al niño que Ud. comprende lo que él está sintiendo.

  • Recuerde que las palabras que expresan comprensión siempre deben preceder los consejos.

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Bibliografia:

Gottman, J., DeClaire J. (1997). The heart of parenting: How to raise an emotionally intelligent child. New York: Fireside.

Gottman, J., Katz, L., Hooven, C. (1997) Meta-emotion: How families communicate emotionally. Mahwah, N.J.: Lawrence Erlbaum.

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