No puede negarse que el estrés forma parte de la vida. Y parece que la vida moderna nos presenta más estrés que nunca antes. Los adultos luchan por equilibrar el trabajo y la vida familiar. Los adolescentes están estresados por la escuela, las relaciones con otras personas y el futuro. Y cuando de alguna manera se amenaza nuestro bienestar, el cuerpo responde con lo que se llama una reacción de estrés, es decir, ¡nos sentimos angustiados o estresados!

Los bebés no se escapan de los efectos del estrés. Cuando se descuidan sus necesidades básicas de ser alimentados, tocados o cuidados con tierno cariño, los bebés manifiestan los indicios de una reacción de estrés.

Los investigadores han empezado a descubrir que



un exceso de estrés podría afectar la salud física y
mental de un bebé, no sólo en el presente sino también en la vida futura. Algunos investigadores creen que durante los primeros meses y años de vida, los bebés desarrollan los fundamentos de su sistema de reacciones de estrés. La manera en que se desarrolla este sistema en los niños, puede formar el modo de reaccionar ante el estrés durante muchos años posteriores. Un exceso de situaciones estresantes durante la primera infancia puede formar un patrón en la manera en que los niños reaccionan ante el estrés en años posteriores (Cichetti y Walker, 2001).

Lo reconoces cuando lo sientes.

Para ser una palabra tan común, el estrés es muy complejo. Lo que una persona encuentra estresante, puede que no le ocasione estrés a otra. Hasta los científicos que lo estudian, no siempre están de acuerdo sobre lo que es. Por lo general, el estrés representa una combinación de eventos que encontramos amenazantes y nuestras reacciones ante tales eventos.

Muchos de los estudios científicos importantes sobre el estrés, se han llevado a cabo con animales. Pero estos resultados, por informativos que sean, no pueden aplicarse directamente a los seres humanos. Se ha realizado una cierta cantidad de investigación con adultos y aún una menor cantidad con niños y bebés. A pesar de esto, los científicos están empezando a descubrir pistas que podrán ayudarnos a entender el estrés de maneras que puedan asistirnos a mejorar la salud de nuestros hijos.

Para entender los efectos del estrés, es útil saber un poco sobre nuestra manera de reaccionar ante las situaciones amenazantes.

La reacción de lucha o de huida.

Cuando nos sentimos amenazados —sea porque tenemos que dar un discurso público o porque nos enfrentamos a un atracador— entra en acción la mayoría de los sistemas reguladores del cuerpo. El cerebro instruye al cuerpo a liberar varias hormonas de estrés, incluso una que se llama cortisol. Como resultado, podríamos experimentar alguna combinación de los siguientes síntomas:

  • Palmas sudorosas
  • Respiración rápida o poco profunda
  • Palpitaciones fuertes del corazón
  • Pérdida del apetito

El estrés no siempre es una cosa mala. En realidad, es esencial para la supervivencia. A corto plazo, niveles elevados de las hormonas de estrés no sólo nos preparan para pelear o huir, sino que también podrían mejorar ciertas formas de memoria para que reconozcamos las amenazas parecidas en el futuro.

Parece que podemos manejar bien los episodios breves de estrés. Pero cuando existen niveles elevados de hormonas de estrés durante mucho tiempo, empiezan a presentarse los problemas de salud. El estrés crónico y los niveles elevados de cortisol se han relacionado con cambios en los nervios y el cerebro, problemas de memoria y de aprendizaje, la supresión del sistema inmune y problemas de comportamiento (McEwen, 2000).

Estudios acerca de los bebés, el descuido y el estrés.

Cuando se trata de bebés y estrés, lo que está en juego es mucho más serio. Estudios sobre ratones y monos demuestran que el descuido durante la primera infancia, y la falta de apoyo de parte del progenitor cuando un pequeño está angustiado, tienen influencias poderosas en el desarrollo de su sistema de reacciones de estrés. Si tales condiciones estresantes persisten durante las primeras etapas del desarrollo, podrían establecer un patrón de por vida de niveles elevados de hormonas de estrés (Gunnar, 2001). Además, estos estudios demuestran que los niveles elevados de hormonas de estrés, pueden ser el resultado de vivir en un ambiente de privación con poco contacto personal y poca oportunidad de ver o tocar cosas. Por otro lado, cuando los pequeños reciben la atención consecuente y estimuladora de sus cuidadores y tienen oportunidad de explorar su mundo, es más probable que desarrollen sistemas sanos de reacciones de estrés.

Es difícil llevar a cabo experimentos sobre el estrés de los seres humanos, especialmente de los niños. Sería inconcebible someter a bebés al descuido y a situaciones amenazantes y luego medir los niveles de sus hormonas de estrés. Pero un estudio de niños adoptados de orfanatos rumanos halló que cuánto más tiempo un niño había vivido bajo condiciones extremas, tanto más elevados eran sus niveles de hormonas de estrés, incluso hasta seis años y medio después de su adopción (Gunnar, Morison, Chisholm Y Schuder, 2001).

¿Y los efectos del estrés en la primera infancia?

En el mencionado estudio, los científicos examinaron a tres grupos de niños; todos tenían entre 6 y 12 años de edad y vivían con familias residentes de la zona occidental del Canadá. Los niños del primer grupo habían sido adoptados después de pasar los primeros ocho meses o más de su vida en orfanatos. Los niños del segundo grupo habían sido adoptados de los orfanatos a los cuatro o menos meses de edad. Y los niños del tercer grupo habían nacido en Canadá y habían sido criados por sus familias originales.

Los padres tomaron muestras de la saliva de sus hijos durante tres días cuando no se había programado nada fuera de lo común; lo hicieron una vez por la mañana, otra vez al mediodía y finalmente media hora o menos antes de acostarse. Al analizar las muestras de saliva, los científicos hallaron que los niños que habían pasado más de ocho meses en orfanatos tenían niveles promedios de cortisol significativamente mayores que los niños adoptados a una edad más tierna y los niños nacidos en Canadá. Y cuánto más tiempo los niños habían vivido en orfanatos, mayores eran sus niveles promedios de cortisol.

Este estudio tuvo pocos participantes. Y se necesita más investigación antes de que los científicos puedan afirmar con certeza que vivir en condiciones estresantes durante la primera infancia ocasiona niveles elevados de hormonas de estrés en el futuro, y que los niveles elevados de hormonas de estrés resultan siempre en problemas de salud posteriores. No obstante, los investigadores notaron que sus resultados eran compatibles con estudios que señalan la existencia de un período sensible durante la primera infancia, cuando podría establecerse el patrón de reacciones de estrés.

Muchas preguntas quedan sin contestar sobre el estrés y sus efectos en los bebés pero ha surgido un hallazgo alentador: la manera en que los padres y otros cuidadores tratan a los bebés, puede efectivamente ayudar a reducir el impacto del estrés en la primera infancia (Gunnar, 2000).

Finalmente, tenga presente que el cerebro tiene mucha más capacidad de recuperación de la que nos damos cuenta. El estrés crónico puede tener efectos negativos en el cerebro a corto plazo pero alguna evidencia indica que solamente las condiciones extremas ocasionan cambios o daños permanentes (McEwen, 2000).

 Consejos útiles para la crianza

Usted no puede proteger a su bebé de todo lo que podría causarle estrés. Pero sí puede ayudarlo durante los momentos estresantes, haciendo lo que los padres y madres hacen naturalmente.

  • Conozca a su bebé e intente tranquilizarlo de varias maneras. A un bebé puede que lo tranquilicen los baños, a otro le gusta ser abrazado y algunos prefieren ser mecidos.
  • Intente identificar las situaciones estresantes para su bebé.
  • No suponga que dejar solo a un bebé durante las situaciones estresantes lo hará más “resistente” como adulto.
  • Atienda las necesidades de su bebé dándole un ambiente de cariño y apoyo y respondiéndole cuando necesita de usted.
  • No puede nunca malcriar a su bebé con amor y atención.
  • Anime a su bebé a experimentar cosas nuevas e intrigantes, pero quédese cerca como una presencia tranquila y animadora para que el niño o niña experimente éxito en su exploración del mundo.
  • Reconozca las experiencias de trauma grave cuando suceden y no las minimice. Cierta evidencia indica que ayudar enseguida a un niño después de un trauma, puede ser efectivo en impedir los cambios en el cerebro que podrían ser difíciles de tratar posteriormente  (Cicchetti y Walker, 2001).

Bibliografía:

Cicchetti, D., & Walker, E. F. (2001). Editorial: Stress and development: Biological and psychological consequences. Development and Psychopathology, 13, 413-418.

Gunnar, M. R. (2000). Early adversity and the development of stress reactivity and regulation. In C. A. Nelson (Ed.), The Minnesota Symposium on Child Psychology: Vol. 31.The effects of early adversity on neurobehavioral development (pp. 163-200). Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.

Gunnar, M. R., Morison, S. J., Chisholm, K., & Schuder, M. (2001). Salivary cortisol levels in children adopted from Romanian orphanages. Development and Psychopathology, 13, 611-628.

McEwen, B. S. (2000). The neurobiology of stress: From serendipity to clinical relevance. Brain Research, 886, 172-189.

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