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"Simplemente olvídalo."

Claramente, las emociones vienen en todas las formas, colores y tamaños y nunca las dejamos atrás.

Los niños pueden estar felices, riendo alegremente en un momento, y luego de repente tener una rabieta. Algunas veces sus emociones duran mucho tiempo, pero otras veces desaparecen casi instantáneamente. Las emociones son a menudo difíciles de predecir, y no son siempre fáciles de controlar.

Por lo tanto, no es de extrañar que no nos sintamos automáticamente cómodos con las emociones.

Algunas veces sentimos que evadimos por completo las emociones de nuestros hijos. Sin embargo, el malestar con las emociones, o el deseo de evitarlas, puede resultar en un estilo de crianza que tendrá efectos negativos en el desarrollo del niño.

Las investigaciones del doctor John Gottman indican que ignorar las emociones puede tener consecuencias negativas a largo plazo para los niños (Gottman, Katz, & Hooven, 1997). Al comparar niños criados por padres que evaluaron y guiaron las emociones, los niños cuyos padres ignoraron o les dieron poca importancia a las emociones tuvieron más problemas de comportamiento, más dificultad con sus amistades, rendimiento académico más bajo, y mayores problemas de salud en general.

El papel de las meta-emociones.

Todos tenemos diferentes actitudes y creencias sobre las emociones, y esas actitudes determinan cómo respondemos a nuestras propias emociones y a las de los demás. Por ejemplo, si nosotros pensamos que las emociones no son importantes, posiblemente tratamos de ignorarlas y esperamos que desaparezcan rápidamente. Si nos sentimos cómodos con las emociones y creemos que son una parte natural de nuestra vida, es más probable que nos demos cuenta de cómo nos sentimos, y además, apreciaremos mejor esos sentimientos. Gottman define estas actitudes como “meta-emociones”, es decir, cómo nos sentimos con relación a nuestras emociones.

  • Si prestamos atención a nuestras propias emociones será más fácil de notar las de los demás.
  • Si tememos nuestras emociones o las desatendemos, temeremos y desatenderemos las de los demás.

El estilo despreocupado en la crianza de los hijos.

Los estilos de crianzas están profundamente influenciados por las propias meta-emociones, o sea, la actitud que los padres tienen hacia sus propias emociones. Los Padres Despreocupados con las emociones, por ejemplo, a menudo ven sus emociones como algo voluntario, como algo que se elige sentir. Estos padres entonces ven las emociones de sus hijos de la misma manera. Cuando un niño experimenta una emoción negativa, la solución parece sencilla: el niño debe simplemente cambiarla por una emoción más positiva. Además, los adultos despreocupados con las emociones suelen ver las emociones negativas como algo dañino, como si estos sentimientos debieran ser evitados. Si un niño experimenta una emoción negativa, se hará cualquier cosa para sacarlo de ese estado, como distraerlo, hacerle cosquillas, darle algo de comer etc.

Este tipo de padres no es insensible a las emociones de sus hijos. Ellos ven que algo le pasa a su hijo y quieren ser útiles y protectores, pero no saben muy bien qué hacer. Ya que ellos se sienten incómodos con sus propias emociones, mantienen esta condición con las emociones de sus hijos. Para ellos, despreocuparse de la emoción, restándole importancia con decir “no es tan malo”, “simplemente olvídalo”, o distraer al niño con algo nuevo, parece la mejor opción.

Si la emoción es tristeza, ira o miedo, el padre se puede sentir incómodo o ansioso cuando el niño se expresa. La situación puede generar preguntas como:

  • ¿Por qué está triste?
  • ¿Le ocurre algo malo a mi hijo?
  • ¿Habré hecho algo malo?
  • ¿Cuánto tiempo le va a durar?
  • ¿No le hará daño que yo le deje sentir tristeza o ira o miedo?
  • ¿Con qué rapidez puedo cambiarle ese sentimiento?

Estos temores pueden resultar en esfuerzos desfavorables. Por ejemplo, una manera de tratar una emoción negativa e incómoda puede ser distanciarse e ignorarla y en efecto enseñarle al niño a hacer esto. Otra es precipitarse y tratar de solucionarla rápidamente. Incluso otra implica resistirla con firmeza. Aunque se puede recurrir a distintas actitudes con las emociones de los niños como ignorarlas, restarles importancia, o distraer al niño, estos esfuerzos bien intencionados conllevan errores serios.

Los Padres Despreocupados con las emociones tienden a:

  • Ver las emociones como algo que se debe evitar o ignorar. Pero, como anota Gottman, al ignorar las experiencias emocionales del niño, estos esfuerzos pueden causar que el niño se sienta ignorado o reprimido.
  • Insinuarle al niño que sus sentimientos de tristeza no son lo suficientemente importantes como para inquietar al padre; no se espera que los niños estén tristes.
  • Insinuar que no se debe confiar en las emociones de los niños.
  • Demostrar con su ejemplo modelos de indiferencia que los niños aprenden a imitar. Los hijos a menudo copian el comportamiento y las actitudes de sus padres. Si el adulto ve las emociones como algo inoportuno, lo más probable es que el niño haga lo mismo.

Las emociones: oportunidades para acercarse a sus hijos.

ELas emociones, incluyendo las negativas, son saludables y son naturales: no son problemas que deban ser remediados o evadidos. Más importante aún, son oportunidades para establecer confianza y compartir experiencias con sus hijos.

Con la ayuda de una técnica llamada el “Entrenamiento Emocional” cualquiera puede aprender un estilo de crianza mucho más saludable y eficaz. Los adultos que practican dicho entrenamiento emocional establecen lazos de simpatía con las emociones de sus hijos. Pero van mucho más allá. Ellos ayudan a sus hijos a identificar sus sentimientos y resolver sus problemas, a la vez que guían a los niños en el establecimiento de límites en su comportamiento. En síntesis, estos adultos creen que las emociones pueden ser evaluadas, compartidas y utilizadas de manera positiva. Y esto significa que asimismo pueden enseñarles a sus hijos estas actitudes.

Aceptar, evaluar y explorar las emociones no es siempre fácil. No es algo automático, como respirar o dejarse crecer las uñas. No nacemos con la habilidad natural para hacer esto. Por el contrario, requiere esfuerzo y práctica, pero como cualquier otra destreza, se puede aprender. Y se hace más fácil con la práctica. El resultado vale el esfuerzo.

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Los 5 pasos para entrenar las emociones

Bibliografia:

Gottman, J., DeClaire J. (1997). Raising an emotionally intelligent child: The heart of parenting. New York: Fireside.

Gottman, J., Katz, L., & Hooven, C. (1997). Meta-emotion: How families communicate emotionally. Mahwah, N.J.: Lawrence Erlbaum.

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