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"Laurita está disgustada y su mamá no sabe por qué."

Al principio, la mamá de Laurita cree que el mal humor de su hija pasará rápidamente para así ella poder terminar sus quehaceres. Pero el rostro de Laurita, el lenguaje corporal, y el tono de su voz dicen algo completamente diferente. Ella está enojada y a punto de llorar, y su mamá lo sabe.

"No seas malcriada, Laura." Laurita empieza a llorar.

"Deja de llorar. ¡Dije que dejaras de llorar!" Ella llora más.

"Ya basta, Laura. Si sigues llorando, ¡verás lo que va a pasar!"

Por supuesto la niña llora más. Laurita no sólo está enojada por algo, sino que ahora también está en apuros por sentirse así. Está al punto de ser castigada por sus sentimientos, a pesar de que no se ha comportado mal.

La mamá de Laurita desaprueba las emociones negativas de su hija como la ira, el miedo, o la tristeza. Para los padres desaprobadores, estas emociones son inaceptables. En lugar de intentar entender las emociones de sus niños, las controlan o castigan.

¿Qué problemas existen en esta situación?

¡Muchos! Estos padres intentan controlar las emociones de sus niños, diciéndoles que no deben sentir lo que sienten. Lo que necesitan, en parte, es darse cuenta de que las emociones son una parte natural de nuestras experiencias diarias. Las emociones nos ayudan a reaccionar ante las situaciones, ayudan a determinar nuestras opciones, y enriquecen nuestras relaciones con los demás. Y son universales; cada persona en cada cultura del mundo entero experimenta una serie de emociones diariamente. Los niños tienen una vida emocional fuerte a una edad muy temprana. De hecho, las emociones no son simplemente una manera de pensar que se pueda encender y apagar a voluntad.

Los padres y los cuidadores, como todos nosotros, tienen diversas actitudes en cuanto a sus emociones, especialmente sus emociones negativas como la ira, el miedo, la tristeza, el disgusto, o el desprecio. Algunos adultos evalúan sus sentimientos y aprecian lo que éstos agregan a su vida, mientras que otros ven las emociones como innecesarias, incontrolables, usadas para manipular, o simplemente indeseables. Algunos adultos incluso tienden a creer que expresar las emociones demuestra alguna debilidad. Estas actitudes hacia las emociones en general influyen en cómo tratan las emociones de sus propios hijos. En ningún otro lado se manifiesta esta característica de forma más obvia que en el estilo del Padre Desaprobador. Los Padres Desaprobadores tienden a desatender o reprimir sus propias emociones, y debido a esto tratan negativamente los sentimientos de sus hijos.

Las omisiones que ocurren con un “Padre Desaprobador” .

Los Padres Desaprobadores ven básicamente las emociones como una cuestión de elección. Según este modo de pensar, si los niños se sienten de cierta manera, es porque ellos desean sentirse de esa forma. Y si las emociones se ven como algo negativo, la solución inmediata es hacer que los niños dejen de sentirse así.

Este punto de vista de las emociones es una equivocación. Las emociones no son simplemente una cuestión impulsiva o de decisión. Nuestro cerebro está programado para experimentar emociones. Algunas de estas emociones incluso ocurren inconscientemente, influenciando cómo nos sentimos hacia las personas o llevándonos a tomar ciertas decisiones. Las emociones no se pueden simplemente detener. De hecho, intentar detenerlas, o intentar que los niños las detengan, puede resultar en consecuencias dañinas. Una de las peores consecuencias es que los niños aprenderán a no acudir a Ud. cuando están sintiendo emociones negativas. En lugar de eso, los niños experimentarán estos sentimientos solos, y pensarán que están haciendo algo malo o inaceptable por sentirse de esa manera.

¿Cuáles son los efectos negativos?

En el estilo del Padre Desaprobador no sólo se ignoran las emociones, o se les deja solas sin una adecuada orientación: se procura activamente eliminarlas. Los padres que practican este estilo critican abiertamente los sentimientos de sus niños. Cuando se les pide que describan las experiencias emocionales de sus niños, parece que carecen de un vínculo básico o de empatía. Esto no indica que sean malos padres, o que no sientan amor o apoyo por sus hijos, y tampoco significa que no se preocupen por ellos. Lo que pasa es que estos adultos siguen una serie de creencias erróneas en cuanto a las emociones.

Ideas incorrectas sobre las emociones.

Los Padres Desaprobadores tienden a creer lo siguiente:

  • Las emociones negativas necesitan ser controladas
  • Las emociones negativas revelan un mal carácter
  • Los niños se valen de las emociones negativas para manipular a sus padres
  • Las emociones hacen a la gente débil, y un padre cariñoso debe por lo tanto ayudar a sus niños a ser resistentes, y así ayudarles a sobrevivir
  • Las emociones negativas representan una pérdida de tiempo y no son productivas
  • Las emociones negativas deben ser cuidadosamente controladas en lugar de ser expuestas libremente
  • Los sentimientos de los niños son fundamentalmente una forma de comportamiento, y por lo tanto requieren obediencia y estar bajo la autoridad paterna.

En efecto, los Padres Desaprobadores deciden consolar, criticar o hasta castigar dependiendo en si aprueban o no las emociones que sus niños expresan.

En “Raising Emotionally Intelligent Children” (“Criando hijos emocionalmente inteligentes”) (Gottman y DeClaire, 1997) un padre dijo, “él está triste sólo porque es un niño malcriado, así que no le hago caso o le digo que se porte bien.” Otro padre, que se auto-describió como un “realista insensible”, indicó que él se opone a la tristeza de su hijo porque lo ve como “tiempo desperdiciado”, con lo que quiere decir “no hacer nada constructivo en absoluto.”

Los costos de ser Padre Desaprobador.

Los Padre Desaprobadores fallan en entender cómo funcionan sus propias emociones y tienden a transferir esa falta de entendimiento a sus niños. Las investigaciones demuestran que los niños criados por Padres Desaprobadores están más predispuestos a:

  • Tener dificultades en confiar en su propio juicio
  • Crecer con la sensación que hay algo malo en su interior
  • Crecer con una sensación de soledad
  • Sufrir una carencia de autoestima
  • Tener complicaciones al tratar de regular sus propias emociones y solucionar sus propios problemas
  • Tener más dificultad que otros niños en concentrarse, aprender, y convivir con sus amigos.

Un estilo de crianza que produce estas clases de resultados negativos obviamente está pasando por alto algo importante. Lo que hace falta es la empatía: sentir las emociones de los niños, y compartirlas junto con ellos. Las emociones de los niños no deben ser ni ignoradas ni criticadas; al contrario, deben ser valoradas, alentadas, y guiadas. Cuando los padres y los cuidadores se toman el tiempo de demostrar empatía, sus niños prosperan en todo.

El "Entrenamiento Emocional ", un estilo de crianza identificado por el Dr. John Gottman, ofrece un enfoque diferente; en este estilo de crianza se alienta el desarrollo emocional sano y relaciones más íntimas con los niños, lo que tiene como consecuencia resultados más positivos para padres e hijos.

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Los 5 pasos para entrenar las emociones

Bibliografia:

Gottman, J., DeClaire J. (1997). Raising an emotionally intelligent child: The heart of parenting. New York: Fireside.

Gottman, J., Katz, L., & Hooven, C. (1997). Meta-emotion: How families communicate emotionally. Mahwah, N.J.: Lawrence Erlbaum.

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