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"Qué será, será."

Un niño, llamado Javier, es objeto de burlas en el parque. Cuando llega a casa, le cuenta todo lo ocurrido a su madre, Paula. Naturalmente, ella expresa su preocupación por Javier y sus sentimientos heridos. Tal como ella lo explica, “eso le frustra, así que trato de hacerle saber que le amo sin importar lo que pase y que pienso lo mejor de él”.

Paula ama a su hijo incondicionalmente y se lo hace saber con frecuencia. Ella también lo motiva a que exprese sus sentimientos de forma libre y fluida, creyendo que eso es más saludable que mantenerlos encerrados. Esto es gran parte de lo que la frase francesa “laissez-faire” quiere decir: dejar que las cosas sean lo que son. Pero algunas veces, Paula siente que debería hacer más por su hijo cuando él experimenta emociones fuertes. Como muchos otros padres, Paula no está segura de cómo ayudar a su hijo a aprender de sus experiencias emocionales.

Este estilo de crianza tiene muchas cosas a su favor. Las personas que tienen una actitud “laissez-faire” acerca de las emociones, las aceptan como naturales y normales. Más allá de ignorar o descartar los sentimientos del niño, estos padres ven las emociones como una parte normal de la vida. Ellos ven la emoción como un proceso que necesita correr su curso natural sin mucha interferencia externa. Desde este punto de vista, la emoción es como un río. Si se le permite fluir, irá a donde necesita ir. Mas si se le obstruye con una represa, la fuerza acumulada del río puede volverse destructiva.

A pesar de lo que implica el término “laissez -faire”, los adultos tolerantes no temen envolverse en el desarrollo de sus hijos. Ellos valoran el estar involucrados en las vidas de sus niños. Ellos aceptan, aman y respetan a sus hijos, además de motivar y reconocer la expresión emocional de sus niños. Estos padres saben que los niños se benefician de una atmósfera de amor incondicional, pero también temen que al establecer reglas y límites en el comportamiento de un niño se transmita un mensaje incorrecto. Es decir, ellos temen que su niño sienta que el amor de sus padres depende de la obediencia o buen comportamiento más que del valor del niño como persona.

Una madre, Lucía, creció bajo la tutela de un padre que le había prohibido expresar su frustración y enojo cuando era niña. Ella no quiere que su hija crezca bajo la misma atmósfera de presión constante que ella sufrió, por lo que practica el estilo de crianza “laissez-faire”. Lucía dice “yo quiero que mis hijos sepan que pueden gritar cuanto quieran. Quiero que sepan que está bien decir ‘no me gusta la situación en la que me hallo” (Gottman, Katz & Hooven, 1997).

El no intervenir no es suficiente.

Aunque la aceptación de las emociones puede parecer admirable al principio, se queda corta con respecto a facilitar un desarrollo emocional saludable. Por ejemplo, imagine lo que pasaría si durante un verano Ud. decidiera ser un jardinero “laissez-faire”. En lugar de intervenir en el proceso natural de crecimiento, Ud. decide dejar que la planta corra su camino. Sólo le provee abono y la riega frecuentemente, pero deja que la naturaleza siga su curso.

Muy pronto hay un problema: su jardín estará lleno de hierba mala al igual que de flores. Algunas veces, el dejar que las cosas corran su curso no produce los mejores resultados. El estilo de crianza “laissez-faire” tiene el mismo problema que la jardinería “laissez-faire”. El dejar que las cosas simplemente pasen no es suficiente; es necesario ayudar a los niños, al igual que a las plantas, en su proceso de crecimiento.

A pesar de sus esfuerzos por aceptar las emociones de su hija, Lucía enfrentó el mismo problema. Cuando su hija hace algo mal, ella quisiera poder decir “eso no fue una buena idea; tal vez debamos tratar algo diferente”. Sin embargo, Lucía siente que carece de la fuerza necesaria para ayudar a su hija a comprender sus emociones al igual que a experimentarlas. Tarde o temprano y como resultado, Lucía termina gritándole a su hija. A veces, Lucía siente que está “al borde de la copa” y recurrirá a cualquier cosa que pueda “resolver” el problema, incluyendo el castigo corporal.

Obviamente, algo está mal en este escenario.

De la aceptación al entrenamiento: el paso más allá de “tolerarlo todo”.

¿Qué le hace falta al estilo de crianza de Lucía? No es la aceptación, ya que ella reconoce las emociones de su hija y su tendencia a expresarlas. No son sus buenas intenciones, ya que Lucía está dispuesta a aceptar los efectos de una niña emocionalmente expresiva, al menos hasta que su paciencia se termina. Se trata de algo más, hay un elemento adicional y fundamental que hace falta.

Las investigaciones sugieren que no es suficiente aceptar y valorar las emociones de su niño. Además de permitirles expresar sus emociones libremente, los niños necesitan ser motivados a comprenderlas de igual forma. Es aquí donde el estilo de crianza “laissez-faire” se queda corto. Muchas familias aceptan abiertamente las emociones de un niño, pero les hacen falta las destrezas para ayudar al niño a comprender sus emociones o aprender de las mismas (Gottman, Katz & Hooven, 1997).

Los niños imitan a los adultos que se preocupan por ellos. Esto quiere decir que los padres que experimentan y aprenden de sus propias emociones, pueden servir de modelo a seguir para sus hijos.

Los niños que han tenido guía emocional gradualmente comienzan a integrar las reacciones de sus padres en su propio comportamiento. El otro lado de la moneda también tiene un buen fundamento. Sin la guía que se obtiene de la comprensión de sus emociones, los niños no aprenden a controlarlas. Como resultado, tales niños:

  • a menudo carecen de la habilidad de calmarse cuando están enojados, tristes o frustrados
  • encuentran más difícil el concentrarse o aprender destrezas nuevas, por lo tanto, no pueden hacer un buen trabajo en la escuela
  • encuentran mayor dificultad en aprender las reglas sociales, por lo que puede ser dificultoso que hagan amistades y las mantengan

Lo bueno y lo malo de la crianza “laissez-faire”.

El estilo de crianza “laissez-faire” es un avance sobre el estilo que no tolera en lo absoluto las emociones. Este estilo enseña al niño la importancia de aceptar y experimentar sus propias emociones. Pero el experimentar las emociones no es suficiente. Las mismas deben ser comprendidas, ya que esto ayuda al niño a aprender a controlarlas más allá de la simple experimentación de emociones. ¿Cómo, entonces, pueden los padres inculcar esa comprensión? Ellos pueden comenzar aprendiendo y practicando los cinco pasos clave del entrenamiento de las emociones.

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Los 5 pasos para entrenar las emociones

Bibliografia:

Gottman, J., DeClaire J. (1997). Raising an emotionally intelligent child: The heart of parenting. New York: Fireside.

Gottman, J., Katz, L., & Hooven, C. (1997). Meta-emotion: How families communicate emotionally. Mahwah, N.J.: Lawrence Erlbaum.

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