Aun antes de que puedan hablar, los bebés se valen de las expresiones de la cara y de los movimientos del cuerpo, o lenguaje corporal, para comunicarse.
Ricardo tiene cuatro meses de edad y tiene mucho que decir, aunque aun no domina las palabras. En vez de hablar, Ricardo se comunica haciendo expresiones faciales, emitiendo sonidos y moviendo el cuerpo. Con el paso del tiempo, a sus padres se les ha hecho más fácil interpretar las señales de su pequeño.
Papi: “Mira a Ricardo. Otra vez se está tirando la oreja. Parece estar un poco molesto también.”
Mami: “¿Piensas que ha mojado el pañal? La vecina me dijo que cuando su nena Emilia se tira la oreja, casi siempre significa que necesita un nuevo pañal.”
Papi: “Espera… ahora se está frotando los ojos. Tal vez quiere decirnos que tiene sueño.”
Mami: “Ah, mi mamá me dijo que de pequeña yo me tiraba la oreja cuando tenía sueño. Y casi es hora de la siesta.”
Dicen mucho sin
palabras.
Aun antes de que puedan hablar, los bebés
intentan comunicarnos lo que quieren o necesitan. A veces simplemente
necesitamos saber qué debemos buscar. Uno de los gozos de ser padre o madre
es aprender cómo se comunica su bebé. Después de todo, cada bebé es único y
singular. Diferentes bebés pueden utilizar expresiones y movimientos
diferentes para decirnos qué quieren.
Alicia, la hijita de Adán, se está quejando. Sigue llorando aunque hace una
hora que Adán le dio de comer. El papá ha intentado alzarla pero sigue
llorando, y ya Alicia lo está empujando para alejarse de él. ¿Qué intenta
decirle?
Ha llegado el momento de hacer algunas investigaciones.
Alicia normalmente está de buen humor, por eso Adán está seguro de que algo
la perturba. ¿Tal vez necesita eructar? Papá intenta sostenerla para
facilitárselo. No eructa y sigue llorando. Hay que buscar otra solución.
¿Podría tener hambre todavía? Adán intenta darle un biberón. No sirve;
Alicia no tiene hambre. Todavía está llorando y ya se frota los ojos y la
boca.
¿Tal vez tiene el pañal mojado y necesita otro? Adán mira el pañal pero está
seco. ¿Tal vez tiene sueño? La última siesta de la nena no duró mucho.
“¿Estás cansada? Vamos a mecernos y a cantar.” Empieza a entonar una canción
de cuna. Arrorró mi nena, arrorró mi sol, arrorró pedazo, de mi corazón.
Alicia bosteza y se calma un poco. Enseguida se queda dormida en el hombro
de su papi.
Aunque tuvo que hacer varios intentos, Adán acertó en muchas cosas. Lo más
importante es que ¡siguió intentando! Aunque usted crea saber qué es lo que
su bebé está intentando comunicarle, esté preparado a hacer otra cosa si no
surte efecto lo que intentó primero. ‘Leer’ los indicios de su bebé es como
un baile; al principio, cada uno podría pisarle los dedos del pie al otro o
moverse a un compás distinto. Pero siempre habrá otras oportunidades y a
medida que los dos continúen practicando, la manera de trabajar juntos irá
mejorando.
A veces los bebés siguen llorando sin importar lo que se les haga. Esto
puede ser muy difícil para todos y ocasionar estrés. Si usted se encuentra
sintiéndose abrumado o enojado, podría ser una buena idea poner al bebé en
la cuna por unos momentos para que usted pueda respirar profundamente unas
cuantas veces y tranquilizarse. Sin importar lo difícil que sea, no sacuda
jamás al bebé ni le pegue para que deje de llorar. Si es posible, busque la
ayuda de un familiar o amigo.
A veces un bebé que está llorando responderá a un cambio sencillo. Podría
intentar llevar al bebé a otro salón de la casa o salir juntos al aire libre,
cantarle una canción, dar un paseo con el bebé en el carrito, llevarlo en el
coche o bañarlo. A veces los bebés son perturbados por cosas en las que los
adultos no nos fijamos, como luces brillantes o sonidos, y un simple cambio
podría surtir buen efecto.
Lea el ‘lenguaje
corporal’ de su bebé.
El primer paso para leer los indicios de su bebé es fijarse bien en él.
Observe las expresiones de la cara de su bebé, sus movimientos y sus
reacciones a lo que hace usted. ¿Parece que surtió efecto lo que intentó
hacer? ¿Y lo que hizo después de eso? También es útil tener en cuenta
cómo está yendo el día de su bebé.
¿Es hora de la
siesta?
¿Podría su bebé necesitar que se le cambie el pañal?
¿Podría tener hambre?
¿Ve un juguete nuevo por primera vez?
¿Necesita un rato tranquilo después de jugar activamente con sus primos?
Para empezar,
podría buscar estos indicios:
1)
“Esto me interesa; sigamos haciéndolo.”
Los
ojos se abren más o se ven más brillantes El
bebé mira hacia usted o hacia un objeto interesante Sonríe
o manifiesta expresiones de gozo Extiende
la mano hacia cosas (como la nariz de usted)
2) “¡Tengo hambre!” Manifiesta
comportamientos de arraigamiento, chupa su
camisa o se frota la cara contra ella Mueve
la boca
Se
mete cosas a la boca
3) “Tengo sueño.”
Se
frota los ojos
Se
frota la cara contra su camisa Se
tira la oreja Se
queja o lloriquea
4) “¡Necesito un descanso!”
Aparta
la mirada de usted Arquea
la espalda o se retuerce
Se
queja o llora
Cierra
los ojos
Muestra
los ojos apagados o una mirada vidriosa Se
agarra las manos o el cuerpo para consolarse
Da
patadas o agita los brazos rápidamente
Es importante responder.
Es esencial para la buena crianza responder a los indicios de su bebé.
Cuando los padres y cuidadores prestan atención a las expresiones y
acciones del bebé e intentan responder de maneras positivas, él aprende
a manejar mejor las situaciones estresantes. Lo que es más, al
responderles, se los ayuda a relacionarse con otras personas de manera
positiva.
Los bebés no siempre dominan enseguida el arte de dar el indicio
adecuado. Usted y su bebé lo aprenden juntos. Cuando su bebé le da un
indicio y usted responde en consecuencia, el bebé empieza a aprender que
los indicios surten efecto. Cuanto más le responda, tanto más anima a su
bebé a darle indicios cuando quiere o necesita algo. Juntos, crean
muchos indicios que les indican, tanto a usted como a su pequeño, lo que
necesita hacerse.
La investigación demuestra que cuando los padres no responden a los
indicios de su bebé, los niños se irritan y muestran señales de estrés.
En cierto tipo de experimento, se les pide primero a las madres que
jueguen cara a cara con sus bebés de 3 a 6 meses de edad, de la manera
acostumbrada. Después de unos minutos, se les instruye a las mamás que
dejen de responder a sus bebés, que permanezcan silenciosas y no
muestren ninguna expresión en la cara. ¿Qué pasó cuando las mamás
dejaron de responder a sus bebés?
Al principio, algunos bebés sonrieron o hicieron sonidos alegres en un
intento de hacer que sus mamás se relacionaran nuevamente con ellos.
Cuando esto no surtió efecto, los bebés se mostraron angustiados. Muy
pocos lloraron y muchos apartaron la mirada, mientras otros intentaron
consolarse chupándose los dedos. Después de un rato breve, pareció que
los bebés abandonaron el intento de interactuar.
Estos experimentos evidenciaron que los bebés necesitan que sus padres
les respondan. Es importante para el desarrollo de su bebé mirarlo mucho
a la cara y responder a las expresiones de su cara y a su lenguaje
corporal. Más importante aún, al manifestar sensibilidad a los indicios
de su bebé y ajustarse a sus necesidades, podrá ayudarlo a sentirse más
seguro.
Consejos útiles para
padres
Fíjese
en cómo su bebé se comunica cuando necesita un descanso, está
cansado o tiene hambre.
Tome en cuenta el horario del día. ¿Cuánto
tiempo hace que se le dio de comer al bebé? ¿Necesita tomar una
siesta? ¿Se le ha cambiado recientemente el pañal? Los padres y madres
que tienen presentes las actividades diarias, tienen una mayor
posibilidad de entender mejor los indicios del bebé.
A su bebé le encanta mirarla y ver las expresiones de su cara, entonces
juegue muchos juegos cara a cara con su bebé.
Intente seguir los indicios de su bebé. Si le muestra que tiene interés,
siga jugando. Si señala con el dedo un objeto en el salón, dígale el nombre del
objeto y deje que lo toque si es seguro explorarlo. Ayúdelo a aprender que ¡la
comunicación surte efecto!
Intente ser sensible a los indicios de que su bebé necesita un descanso. Si
aparta la mirada de usted mientras están jugando, espere un momento para ver si
vuelve a mirarla. Si en vez de esto, empieza a quejarse, podría ser hora de
hacer otra cosa o dejar que el bebé se relaje por un rato mientras usted se
mantiene cerca.
No espere entender todo indicio de su bebé ni sintonizarse
con él en todo momento. No siempre acertará; la comunicación nunca es
perfecta. Si sigue intentando, ¡está haciendo un muy buen trabajo!
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